martes, 12 de junio de 2012

'Amor, ira y locura', de Marie Vieux-Chauvet, un clásico 'underground' de finales de los sesenta



Amor, ira y locura es una trilogía constituida por tres novelas independientes, aunque conectadas por un nexo común: la idea del miedo como forma de destrucción social. Amor, ira y locura fue una de las primeras obras literarias que denunció la brutalidad del régimen del terror impuesto por el dictador François Duvalier en los años sesenta del siglo pasado en Haití. Los personajes de Vieux-Chauvet viven con miedo de sus líderes políticos y de los líderes de su comunidad, y en último término de sus vecinos y amigos. Las tres historias retratan la sociedad empobrecida, ambientalmente devastada, caótica y violenta en que se había convertido el país caribeño a mediados de los años sesenta.
Marie Vieux-Chauvet, nació en 1916 en el seno de una familia de la burguesía acomodada perteneciente a los milat o mulatto, grupo relativamente pequeño resultado de la mezcla entre africanos y europeos. Su padre era un político y senador haitiniano y su madre una emigrante judía de las Islas Vírgenes. Hasta la llegada al poder de Duvalier y desde la Revolución Haitiana de 1804, esta élite había conservado buena parte del poder político y la riqueza del país.

La primera historia, Amor, está ambientada en los últimos años de la ocupación norteamericana (1915-1934) de la isla. Claire, la protagonista, es la mayor de tres hermanas pertenecientes a una familia de la alta burguesía haitiana. Su tez oscura—a diferencia de sus dos hermanas menores, mulatas de piel clara—condiciona su vida y le impedirá vivir una relación normal. Obsesionada con el francés Jean Luze, el apuesto marido de su hermana, tratará de seducirlo. Por debajo de la trama erótica de la novela fluye un hilo narrativo de denuncia del gobierno que abusa de manera implacable de la población, encarnado en la figura del comandante Calédu (álter ego de Duvalier). El estigma del color de su piel permite a su vez a Claire tomar cierta distancia con la clase social a la que pertenece e identificarse con los más desfavorecidos. Claire critica la hipocresía moral y política de la alta burguesía y los maltratos infligidos por ésta a los campesinos que trabajan a sus órdenes asimilando esta crueldad a la del tirano Calédu.

En Ira, la segunda historia, una familia de clase media descubre una mañana, que un grupo de hombres con uniforme negro—aunque el narrador no lo explicita, todo indica que se trata de los tontons macoutes—están plantando estacas alrededor de su casa para quedarse con sus tierras. A partir de aquel momento, el deseo de la familia por recuperar lo que le pertenece, llevará a algunos de sus miembros a cometer una serie de actos que contaminarán el buen clima que había existido entre ellos hasta entonces. Mientras en Amor era Calédu la encarnación del mal y la tortura, en Ira el Gorila atormenta a la familia protagonista, que a su vez en el pasado ha maltratado a los que estaban por debajo suyo en el escalafón social.

Locura narra los últimos días de la vida de cuatro poetas a quienes el hambre y el alcohol supuestamente les ha robado la cordura, que viven encerrados en casa de uno de ellos, de donde no osan salir por temor a encontrarse cara a cara con lo que en su imaginación parecen ser diablos. La autora no deja claro si estos demonios son fruto del delirio de los poetas si se trata en cambio de soldados del régimen o bien de gente del pueblo que se está burlando  de ellos.

Marie Vieux-Chauvet no se limita a demonizar en su libro a los integrantes de un régimen de terror que ha acabado con los privilegios de la clase acomodada a la que ella misma pertenece, sino que pone de manifiesto que el mal se ha extendido por todos los estratos de la sociedad haitiana y se interroga sobre cuál podría ser su origen. ¿Se halla en la humillación vivida durante la ocupación de la isla por parte de los Estados Unidos? ¿En los años en que Haití formó parte del imperio colonial francés? La escritora haitiana no da una respuesta definitiva sino que invita a los lectores a que ellos mismos extraigan sus propias conclusiones. Chauvet escribió Amor, ira y locura cuatro años después de que el dictador Duvalier se autoproclamara presidente vitalicio del país. El sentimiento de frustración experimentado por la autora seguramente se añadía al de otros momentos históricos: el gobierno de Stenio Vincent de 1930 a 1941, que recibió el apoyo del gobierno norteamericano; la masacre perpretada en 1937 por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo Molina contra los haitianos residentes en la República Dominicana (el historiador Richard Lee Turit estima en 15.000 las personas muertas). Marie Vieux-Chauvet traza paralelismos entre todos estos episodios con la intención de que el lector se pregunte por qué este tipo de hechos se han venido repetiendo a lo largo de la historia reciente de Haití y si existe la posibilidad de evitarlos en el futuro.
Otro de los temas que Chauvet denuncia en el libro es el rol que le ha sido encomendado a la mujer en una sociedad clasista, corrupta y patriarcal como la haitiana. Desde los tiempos del colonialismo se espera de las mujeres que se queden en casa cuidando de sus hijos, de sus maridos, y que no intervengan en la vida pública. Chauvet denuncia esta situación y les sugiere que se liberen, que salgan a la calle a reclamar sus derechos y que se impliquen políticamente plantando cara a la dictadura.

Cuando Gallimard publicó Amor, ira y locura en 1968 en Francia, François Duvalier “Papa Doc” llevaba ejerciendo el cargo de Presidente de Haití desde 1957. Durante su presidencia, que se prolongó hasta 1971—le sucedería su hijo hasta 1986—, persiguió a la minoría mulata—exaltó la “negritud” de la población—, a la Iglesia—convirtió al vudú en la religión nacional alentando un culto de la personalidad en el que él era el elegido de los lóas, los espíritus vudús—, a los intelectuales y a todos sus oponentes políticos, además de sembrar el pánico entre la población con su ejército de 40.000 tontons macoutes.

Poco tiempo después de la llegada a la isla de algunos centenares de ejemplares de Amor, ira y locura, Pierre Chauvet, marido de la escritora, fue alertado en Nueva York por el embajador de Haití de que Duvalier había leído el libro y que estaba furioso. En los años anteriores, dos sobrinos de Marie Vieux-Chauvet habían sido asesinados y otro había desaparecido sin dejar rastro, por lo que Pierre Chauvet presionó a su mujer para que ordenara a Gallimard la completa retirada del libro. A principios de octubre, Marie, de viaje en Nueva York, envió el siguiente telegrama a la editorial: “Retirar la publicación. Leer la carta”.

La editorial francesa paró la venta de la obra aunque el marido de la escritora quiso ir más allá. Mandó destruir todos los ejemplares ya distribuidos en la isla, sin saber que con aquel gesto estaba sembrando el germen del divorcio de la pareja, que tendría lugar sólo dos años después. Marie Vieux-Chauvet nunca regresó a su país y moriría en Nueva York en 1973. A partir de ese momento, y hasta la reedición de la novela en Francia en 2005 a cargo de la editorial Emina Soley/Maisonneuve et Larose—, Gallimard había cedido los derechos a la familia en 1991—la novela había circulado únicamente en forma de samizdats (fotocopias y ediciones piratas) en las librerías haitianas y en las universidades norteamericanas y canadienses. Amor, ira y locura se ha publicado también recientemente en inglés.

Amor, ira y locura  ya está a la venta.


viernes, 11 de mayo de 2012

Hoy se publica 'La liebre con ojos de ámbar', de Edmund de Waal




Edmund de Waal (Nottingham, 1964) es ceramista de profesión y vive en Londres. Es descendiente de  la familia judía Ephrussi, que hacia 1860 llegó a ser la mayor exportadora de grano del mundo (les Rois du Blé) y posteriormente se convirtió en un poderosísimo banco internacional, que desde Odesa expandió su imperio a ciudades como París, Viena o Tokio. Edmund de Waal proviene de los Ephrussi que emigraron al Reino Unido una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial.

A la muerte de su tío Ignace a los 84 años en Japón, país al que había emigrado en 1947, Edmund de Waal heredó una colección de doscientos sesenta y cuatro netsuke, unas figuritas japonesas talladas en diversos materiales, entre ellos la madera de boj o el marfil, que adoptaban principalmente la forma de animales o personas. De Waal, sintiéndose intrigado por la manera en que las figuras habían conseguido llegar intactas a nuestros días, abandonó su trabajo de ceramista durante casi dos años para ir en busca de los lugares que habían ocupado los netsuke, verlos con sus propios ojos, averiguar qué personas los sostuvieron en sus manos y cuál había sido el camino que habían recorrido desde el momento en que el primer miembro de la familia Ephrussi los adquirió a finales del siglo XIX, hasta que fueron a parar a sus manos un siglo después.

La primera ciudad a la que le llevó su trabajo de investigación fue París, más concretamente al Hôtel Ephrussi, palacio de la rue de Monceau construido en 1871 que fue la residencia de Charles Ephrussi (1849-1905), primo de su bisabuelo, que había llegado a la capital francesa desde Odesa un año antes para expandir el imperio del grano. Charles fue liberado de la obligación de dedicarse al negocio familiar y se convirtió en muy poco tiempo en uno de los marchantes de arte más importantes de Francia, llegando a reunir por ejemplo, una de las más tempranas colecciones de pinturas impresionistas de Degas, Manet, Monet, o Renoir. Con algunos de estos artistas llegó incluso a trabar amistad, al igual que con Marcel Proust. Charles fue uno de los dos modelos principales que inspiraron al famoso escritor para el personaje de Swann de En busca del tiempo perdido. El otro fue un dandi de más edad llamado Charles Haas.

En 1874, en pleno japonisme—moda por todo el arte japonés que se apoderó de la ciudad de las luces en las últimas décadas del siglo XIX—, Charles adquirió la colección de netsuke, acabados de llegar de un bazar de Nagasaki. Para mostrarlos a las visitas, los colocó dentro de una vitrina negra, de madera lustrada semejante a la laca. Con los años Charles fue perdiendo interés por lo japonés, de ahí que en marzo de 1899 le regalara la colección completa a su primo Viktor de Viena—con quien había compartido los primeros años de infancia en Odesa—que acababa de contraer  matrimonio. Viktor y su mujer Emmy, a diferencia de Charles, no colocaron los netsuke en un lugar visible del magnífico palacio Ephrussi, sino en el vestidor de Emmy, al que sólo tenían acceso la doncella, la pareja y unos años después sus hijos.

Después de pasar un año en París investigando sobre Charles Ephrussi, a continuación Edmund de Waal se dirige precisamente a Viena y al palacio Ephrussi, que para su sorpresa hoy es la sede central de Casinos de Austria. Explicando en la recepción quién es, consigue penetrar en el edificio y echar un vistazo a las habitaciones, la sala de música, el salón, el comedor, que conservan todavía la esplendorosa hermosura de antaño. La Ringstrasse, calle donde se encuentra el edificio, formaba parte de la metrópoli moderna que el emperador Francisco José ordenó construir en 1870 y que para Karl Kraus representaba «la degradación de la vida práctica por el ornamento». En este palacio de pilastras corintias y columnas dóricas, que fue encargado construir por Ignace Ephrussi (tatarabuelo del autor y segundo banquero más rico de Viena por aquel entonces), vivió su hijo Viktor Ephrussi, como Charles, hijo absuelto de la obligación de ser banquero. Con el típico aspecto del estudioso judío, con la barba cuidada y la chaqueta negra, Viktor era un enamorado de Goethe, Schiller, von Humbolt y de clásicos como Ovidio y Virgilio. Como todo joven de la época tenía su café donde se juntaba con otros hijos de las familias judías pudientes para discutir sobre la naturaleza de la época. En su caso se trataba del Griensteidl, frecuentado por la Jung Wien de Hugo von Hofmannsthal y Arthur Schnitzler.

Lo que no había previsto Viktor era que el 3 de junio, sólo diez semanas después de contraer matrimonio, su padre Ignace moriría de manera repentina convirtiéndose así en el heredero de la banca Ephrussi, un complejo negocio internacional con sedes en Odesa, San Petersburgo, Londres y París. Tras años de bonanza económica, el banco sufrió el primer golpe fuerte de su historia al serle confiscadas, tras el final de la Gran Guerra, todas las inversiones financieras que tenía en Londres y París además de la mayoría de las cuentas. Los bolcheviques y la Revolución hicieron lo propio con el oro guardado en San Petersburgo, las propiedades de Odesa y las acciones de ferrocarriles y campos de petróleo.

En 1921 Viktor se vio obligado a vender la mitad del negocio a un antiguo socio y al banco de Berlín, hecho que le afectó profundamente, ya que consideraba que había sido incapaz de conservar la herencia que le había legado su padre. La grave situación económica del país durante la guerra, unida al malestar de la población a raíz del desmembramiento del imperio austrohúngaro, facilitó además el surgimiento de un clima fuertemente antisemita en Viena. La falta de alimentos de primera necesidad como el pan, la leche y los huevos sumado a la fuerte inflación, provocó la irrupción de los especuladores y usureros, a los que se quiso relacionar con los judíos, que fueron acusados de enriquecerse a costa de la pobreza de las familias vienesas.

A raíz de la Anschluss, la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi en 1938, todos los bienes de la mansión de los Ephrussi en la Ringstrasse fueron confiscados por la Gestapo. Göring puso en marcha la campaña de «transferencia de riquezas» que obligaba a los judíos con más de cinco mil marcos a declararlos. Después de tres días revisando los archivos del banco Ephrussi se obligó a la familia a vender el negocio a accionistas arios. Después de hacer una declaración de todos sus bienes y de un sinfín de gestiones por Viena, Viktor Ephrussi obtuvo el Reichsfluchtsteuer, impuesto que había que pagar para obtener un visado de salida del país. Viktor consiguió llegar hasta el Reino Unido, donde murió sólo unos meses antes del final de la guerra. Otros miembros de la familia no pudieron escapar, siendo capturados y enviados a campos de concentración.

En diciembre de 1945 la hija de Viktor, Elisabeth (la abuela de Edmund de Waal), volvió a Viena para intentar recuperar algunas de las pertenencias de la familia. Su sorpresa fue mayúscula cuando Anna, antigua doncella de la familia, le relató cómo durante el ataque nazi consiguió poner a salvo todos y cada uno de los netsuke de la mansión Ephrussi, poniendo en peligro su propia vida. Unos años después, Elisabeth entregó las figuras a su hermano Ignace, que obtuvo en 1947 el permiso militar para entrar en Japón, ciudad en la que viviría hasta el final de sus días. Los netsuke están ahora en poder de Edmund de Waal, que los guarda en su casa de Londres.


La liebre con ojos de ámbar  ya está a la venta.




 





jueves, 12 de abril de 2012

Alegato de Rafael Argullol contra la codicia

Les ofrecemos el poema que Rafael Argullol ha escrito en homenaje al farmacéutico jubilado Dimitris Christulas, que se suicidó frente al Parlamento griego en Atenas el pasado 4 de abril.


Tras subir lentamente las escaleras,
arrastrado por la apretada multitud de pasajeros,
sale por la boca del metro de Syntagma,
justo delante del Parlamento, en el momento mismo
en que el reloj señala las nueve en punto.
A esta hora la muchedumbre llena la plaza,
y Dimitris Christulas, desconcertado
por el movimiento que observa a su alrededor,
busca refugio detrás de un árbol.
Enseguida saca el revólver
del bolsillo derecho de su americana
para dirigirlo a su sien.
Cuando su dedo índice roza el gatillo
se da cuenta de que su escondite no es perfecto.
Le observan, en efecto, una mujer empeñada
en arreglar una rueda del cochecito de su hijo;
y un vendedor ambulante de Senegal
que acaba de extender en la acera
una manta para los falsos bolsos de marcas caras;
y un muchacho montado en una bicicleta,
quien es el más cercano a Christulas
y el único que escucha sus palabras:
"no quiero dejar deudas a mi hija".
De inmediato se produce el silencio,
el silencio sobre Syntagma, sobre Atenas, sobre el mundo.
Al día siguiente, escandalizados, los noticieros
informan de la muerte de Dimitris Christulas.
Dan detalles: se había trasladado en el metro
desde su barrio de Ambelokipi hasta Syntagma.

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viernes, 16 de marzo de 2012

'Perverzión', de Yuri Andrujovich, a la venta el 23 de marzo



Perverzión es una variación posmoderna de Muerte en Venecia, y destaca por su compleja estructura, líneas argumentales, elementos narrativos y un gusto barroco por los juegos de palabras. Yuri Shevelyov, el más importante filólogo y crítico literario de Ucrania, identificó en las páginas de Perverzión la influencia de Gógol, E.T.A. Hoffmann y Heinrich Heine.

¿Qué fue de Stanislav Perfetsky, poeta, provocador profesional y héroe de la resistencia ucraniana, desaparecido en las oscuras aguas del Gran Canal de Venecia? La novela reconstruye, gracias a un heterogéneo collage de notas personales, documentos oficiales y entrevistas, los hechos que aparentemente condujeron a nuestro héroe al suicidio. De camino a un seminario internacional para salvar al mundo de su propio absurdo, las fuerzas demoníacas se conjuran para que el poeta, convertido en un Orfeo ucraniano, enfrente su destino, en un viaje que le llevará, a través de la nueva Europa del este, hasta los excesos del decadente oeste. Con un humor inteligente y guerrillero, Perverzión nos ofrece una mirada carnavalesca del mundo postcomunista.


Yuri Andrujovich es novelista, poeta, ensayista y traductor, y una de las personalidades que han jugado un papel más importante en la recuperación del panorama cultural ucraniano en los últimos años. Andrujovich nació el 13 de marzo de 1960 en Ivano-Frankivsk—localidad de 200.000 habitantes situada en la histórica región de Galitzia, en los Cárpatos—, que es, junto con Lvov,—antigua capital de la Galitzia autrohúngara—, una de las ciudades con mayor actividad cultural de Ucrania. Ha publicado cinco novelas, cuatro poemarios, un libro de relatos cortos y dos ensayos. También ha traducido obras del inglés, el alemán, el polaco y el ruso. Además colabora de manera regular en el periódico Zerkalo nedeli, uno de los más influyentes del país.

Andrujovich fundó en 1985 el grupo literario Bu-Ba-Bu—cuyas iniciales significan Burlesk (bufonería), Balahan (farsa) y Buffonery (Burlesco)—junto a Viktor Neborak y Oleksandr Irvanets, para revitalizar la vida cultural y literaria del país, hasta entonces aquejada por la censura y la falta de libertades, y actuó de auténtico catalizador entre los años 1988 y 1992. Se le atribuye también la creación de una lengua ucraniana moderna y dinámica. Su crítica contra el antiguo régimen se expresó en recitales poéticos que mezclaban la sátira y los elementos carnavalescos.
 
Entre 1989 y 1991 Andrujovich estudió en el Instituto de Literatura Maxim Gorky de Moscú. Sus primeras obras de ficción, Recreaciones (1992; Acantilado, 2007), Moscoviada (1993; Acantilado, 2010) y Perverzión (1996; Acantilado, 2012), todas ellas caracterizadas por la profusión de elementos surrealistas, grotescos y carnavalescos (en la tradición de Adamov o Brecht), tuvieron un gran impacto y le convirtieron en el escritor ucraniano más popular del momento. Recreaciones es una sátira surrealista sobre la situación social y política de Ucrania justo antes de que alcanzara la independencia. Moscoviada es un réquiem por la Unión Soviética, inspirado en las experiencias vividas por el escritor en Moscú entre  1989 y 1991.

Doce anillos (2003; Acantilado, 2007) describía el caos de la transición postsoviética en el que estaba inmersa Ucrania.  La obra más reciente de Andrujovich es The Secret. Instead of a novel (2007), una larga serie de conversaciones mantenidas con un supuesto periodista alemán sobre su vida, obra y la historia reciente de Ucrania.

Andrujovich es autor a la vez de dos ensayos que han recibido el elogio internacional y  en los que ofrece un recorrido geopolítico por diversas regiones de su país. El primero, Mi Europa (2001; Acantilado, 2005), volumen compuesto de un ensayo del escritor ucraniano (Revisión centroeuropea) y otro del polaco Andrzej Stasiuk, narra qué significa para ellos vivir en Centroeuropa, un territorio de frontera entre dos mundos: la Europa Occidental “del bienestar” y la Europa Oriental “autoritaria” simbolizada por Rusia. El segundo, El último territorio (2003; Acantilado, 2006), es un conjunto de catorce artículos “geopoéticos” sobre la realidad postsoviética de Ucrania (la catástrofe de Chernobyl, las huellas de la desaparecida Galitzia, la emigración hacia el oeste, la represión informativa, la mafia…) en los que se adivina cierta nostalgia del pasado austrohúngaro como la única referencia de europeísmo y estabilidad para su país.

Andrujovich ha recibido por sus obras literarias los siguientes premios nacionales e internacionales: el Herder (2001), el Premio de la Paz Erich Maria Remarque (2005), el Premio al Acercamiento Europeo (2006) y el Central European Literary Award «Angelus» (2006). Sus obras se han traducido en Polonia, Canadá, Estados Unidos, Alemania, Hungría, Austria, Rusia y Finlandia. En octubre de 2006, el escritor ucraniano presentó el acto de inauguración del festival de literatura Kosmopolis, que organiza el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) de manera bienal, en su edición dedicada a la literatura rusa y eslava contemporánea.

«Uno de los escritores más notables surgidos a finales del pasado siglo». José María Guelbenzu, El País

«Perverzión es un espectáculo penetrante, entre sátira furiosa y mágico caos». Frankfurter Allgemeine Zeitung

«Andrujovich es un digno heredero de grandes escritores míticos de su Galitzia natal, como Joseph Roth o Bruno Schulz». Mercedes Monmany, ABC


Perverzión (a la venta el 23 de marzo)

Narrativa del Acantilado, 206
978-84-15277-61-3
384  páginas
13 x 21 cm
24 euros
Traducción de F. Guerrero-Solé y O.Gollyak

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Lisa Randall, autora de 'Universos ocultos', el 16 de noviembre en el CCCB LAB (Barcelona)



                                                                                                                                                                                                                                                                  

Universos ocultos. Un viaje a las dimensiones extras del cosmos —un fascinante viaje hacia un mundo de más de tres dimensiones—narra de qué manera nuestra visión del universo podría quedar obsoleta dentro de pocos años: el Gran Colisionador de Hadrones, un acelerador de partículas ubicado en el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear, en la frontera entre Francia y Suiza), estaría en disposición de generar durante los próximos años, la suficiente energía para producir las partículas Kaluza-Klein, que podrían viajar a dimensiones no conocidas por el ser humano y dejar huella de su existencia en nuestro mundo tridimensional. El descubrimiento de otras dimensiones aparte de las que hoy conocemos (tres dimensiones del espacio y una del tiempo) podría cambiar nuestra visión del universo y resolver así algunos de sus mayores misterios.

Durante más de treinta años el modelo estándar de la física de partículas sirvió para explicar la interacción existente entre las diferentes partículas que componen la materia, pero recientemente científicos como Lisa Randall han empezado a hallar respuestas a los enigmas que plantea este modelo (uno de los principales es por qué la gravedad es tan débil en relación con las otras fuerzas conocidas). A partir de la teoría de la relatividad de Albert Einstein (en la que el espacio y el tiempo se integran en una estructura única de espacio-tiempo, combada por la materia y la energía), Lisa Randall y su colaborador Raman Sundrum aplicaron en 1999 esta teoría en un contexto extradimensional nuevo y descubrieron que el espacio arqueado podría ser la explicación a la debilidad de la gravedad y que, además, una dimensión adicional podría extenderse hasta el infinito permaneciendo oculta. Todo ello pondría fin a la teoría defendida por la comunidad científica a lo largo de los últimos ochenta años, que afirmaba que era imposible ver otras dimensiones debido a su diminuto tamaño. La aparición de estas nuevas dimensiones abriría las puertas a la existencia de un cosmos mayor, más rico y variado, así como a una mayor comprensión del origen de la vida en el universo. El propio Stephen Hawking saludó con enorme interés las investigaciones de Randall y así se lo hizo saber personalmente.
     
Lisa Randall (Nueva York, 1962) es catedrática de Física en la Universidad de Harvard, investigadora de física de partículas y cosmología y uno de los científicos más influyentes en la actualidad. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias, la Sociedad Filosófica Americana y la Academia Americana de las Artes y las Ciencias. Fue la primera mujer titular de la cátedra de física de Princeton y las cátedras de ciencia teórica en Harvard y en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets). Randall ha obtenido numerosos premios y honores por sus esfuerzos científicos: ha sido miembro de la Sociedad Americana de Física, ganó una beca de la Fundación Alfred P. Sloan para la Investigación, el Premio al Joven Investigador de la Fundación Nacional de Ciencias, el Premio al Mejor Investigador Joven del Departamento de Energía y el primer premio del Concurso Nacional de Talentos Científicos Westinghouse. En 2003, recibió el Premio Caterina Tomassoni e Felice Pietro Chisesi, de la Universidad de Roma La Sapienza. En 2006, recibió el Premio Klopsteg de la Sociedad Americana de Profesores de Física (AAPT) por sus clases y en 2007 recibió el Premio Julius Lilienfeld de la Sociedad Americana de Física por su trabajo en física de partículas elementales y cosmología y la comunicación de su trabajo al público.

Lisa Randall apareció en la lista de las 100 personas más influyentes del año 2007 de la revista Time. En el número de la revista Newsweek «Who’s next in 2006» se dijo de ella que era «uno de los físicos teóricos más prometedores de su generación». En 2008 la profesora Randall se contó entre las 75 personas más influyentes según la revista Esquire. Randall también se ha dedicado a proyectos que relacionan el arte con la ciencia y ha escrito el libreto de Hypermusic: Prologue. A projective Opera in Seven Planes, que se estrenó en el Centro Pompidou de París (y se representó en el Teatro del Liceo de Barcelona) y ha sido co-comisaria de la exposición artística Measure for Measure para la Asociación de las Artes de Los Ángeles.


Entrevista con Lisa Randall en el programa Científicos de frontera (La 2)


El 16 de noviembre (19:30h) Lisa Randall dictará una conferencia en el CCCB LAB (c/ Montalegre, 5) de Barcelona.


Universos ocultos estará a la venta el viernes 28 de octubre.

jueves, 28 de julio de 2011

'La ley del silencio': la novela



El próximo 2 de septiembre se pone a la venta por primera vez en España  La ley del silencio, de Budd Schulberg.

Budd Schulberg obtuvo el Oscar al mejor guión original por La ley del silencio, película dirigida en 1954 por Elia Kazan que obtendría un total de ocho estatuillas. Esta historia de corrupción y traición ambientada en los muelles de Nueva York protagonizada por Marlon Brando, se rodó en sólo 35 días con un presupuesto de 800.000 dólares con el productor independiente Sam Spiegel después de que las principales majors rechazasen el proyecto.

La novela de título homónimo, publicada por vez primera en 1955, tiene un origen distinto al del guión de la cinta y Schulberg lo aclara en el prólogo: “Aunque La ley del silencio ya forma parte de la tradición popular del cine, el origen de esta novela es menos conocido. No fue en absoluto una «novelización». Había dedicado, no uno o dos meses, sino años de mi vida a absorber todo lo posible de la ribera portuaria de Nueva York, haciéndome habitué de los bares del lado oeste de Manhattan y de Jersey donde chantajistas e insurretos tanto irlandeses como italianos tenían sus cuarteles generales o sus segundos hogares. Ni siquiera después de asistir a las vistas de la Comisión Estatal contra el Delito (sobre delitos en el puerto), rebosante de libretas y blocs llenos de notas—y con el Oscar aquél en la repisa de la chimenea—logré vencer la convicción de que mi tarea como cronista de la gente de los muelles y las tensiones de la ribera se hallaba lejos de haber concluido. Lo que estaba en juego, descubrí, era mucho más que expandir un guión de ciento veinticinco páginas en una novela de cuatrocientas”.

El paso de la pantalla al papel permitió a Schulberg desarrollar con mucho más detalle la complejidad del mundo de los muelles de Nueva York: “La película se centraba en Terry Malloy (Marlon Brando), un matón a medias feroz atrapado entre la mafia del puerto y el angustioso despuntar de una conciencia. Elia Kazan y Marlon Brando habían tratado el personaje con brillantez y sensibilidad, y yo había escrito los diálogos cuidadosamente, con el oído puesto en mis vagabundeos por la ribera. Pero la restrictiva mecánica del dijo él-dijo ella no me había permitido explorar la mente del personaje en sus vacilantes esfuerzos por sacudirse la pereza; por así decir, me había impedido pillarlo con la guardia baja. Más importante, debido a que el film se centraba en un personaje dominante, que la cámara traía a primer plano, había sido imposible situar la historia en su perspectiva social e histórica. En la novela, Terry es una hebra en una cuerda de fibras trenzadas; da una idea de los complejos nudos del mundo de la ribera que enlaza a Nueva York, una frontera sin ley que sigue siguendo casi desconocida para los ciudadanos de la metropoli. En la novela encontré la oportunidad de poner a Terry Malloy en el foco adecuado. Sólo era preciso contar la historia desde otro punto de vista y con un final distinto en mente. Esto demandaba un final por completo diferente, a la vez que un desarrollo más pleno de algunos personajes que en la película habían sido figuras secundarias.”


Budd Schulberg (Nueva York, 1914- 2009)

Budd Schulberg era el hijo de uno de los fundadores de la industria del cine de Hollywood: B.P. Schulberg, jefe de la Paramount Pictures durante la década de los años veinte del siglo XX. Obtuvo su primer trabajo como guionista con poco más de veinte años, junto a David Selznik, productor de Lo que el viento se llevó, y trabajó en 1939 junto a Francis Scott Fitzgerald en la comedia Winter Carnival. El autor de El gran Gatsby, que tuvo que buscar trabajo como guionista en Hollywood durante los últimos años de su vida debido a sus problemas con el alcohol y a las deudas, sirvió de inspiración a Schulberg para su novela El desencantado (1951; Acantilado, 2004). Anthony Burgess, que afirmó haber leído hasta dieciséis veces la novela, consideraba que después de El último magnate no había otra novela que reflejase con mayor fidelidad el Hollywood de los años treinta.

Unos años antes, en 1941, Schulberg publicaría la controvertida novela ¿Por qué corre Sammy? (Acantilado, 2008), una sátira sobre el poder y la corrupción reinante en la industria del cine de Hollywood, cuyo protagonista, un ambicioso chico judío llamado Sammy Glick consigue hacerse un hueco entre los mejores guionistas de Hollywood a base de todo tipo de artimañas. Aunque la novela ganó el prestigioso Premio "National Critic's Choice" a la mejor novela del año, Schulberg fue condenado al ostracismo en Hollywood desde entonces. Hace unos años la productora Dreamworks de Steven Spielberg adquirió los derechos de la novela, que estaban en poder de Warner Bros, por 2,6 millones de dólares.

En 1956 Mark Robson adaptó al cine la novela de Budd Schulberg Más dura será la caída (1947), sobre el mundo del boxeo y con Humphrey Bogart de protagonista, en el que sería su último papel en el cine. Schulberg se inspiró para escribir su obra en un viaje que hizo a Europa en 1929 para ver a un púgil que llevaba ganados 125 enfrentamientos consecutivos, y que en esta ocasión perdió en una pelea amañada por la mafia.

En 1957 Elia Kazan volvió a adaptar un guión de Schulberg en Un rostro en la multitud, película que narraba el ascenso y posterior caída en desgracia de Andy Griffith, víctima de los medios de comunicación. Schulberg publicó en 1982 su autobiografía, De cine. Memorias de un príncipe de Hollywood (Acantilado, 2006). El escritor falleció en Nueva York en 2009.


La ley del silencio se publica el 2 de septiembre. 

martes, 14 de junio de 2011

Artículo de Anthony Lane en 'The New Yorker' sobre Patrick Leigh Fermor, autor de 'Mani' y 'Roumeli'



La edición digital de The New Yorker ofrece a sus lectores un interesante artículo de Anthony Lane sobre Patrick Leigh Fermor, fallecido el pasado viernes en Worcestershire a la edad de 96 años. Acantilado ha publicado dos de sus obras fundamentales: Mani (2010), su relato de viajes por el sur del Peloponeso, que fue editado originalmente en 1958, y Roumeli. Viajes por el norte de Grecia, de 1966, que actualmente se encuentra en imprenta y que estará disponible en librerías a finales de junio.

El artículo mencionado, del 22 de mayo del 2006, es el siguiente:


AN ENGLISHMAN ABROAD

Patrick Leigh Fermor's journey through the twentieth century.

BY ANTHONY LANE

On the evening of April 26, 1944, an Opel staff car with slit hoods over its headlamps set off toward Knossos. To people who know Crete, Knossos refers to the myth-haunted remnants of the lost Minoan civilization on the northern shores of the island. It means Theseus and Ariadne, and the Minotaur brooding in his labyrinth. To the passenger in the car that night, however, Knossos meant home. His name was Heinrich Kreipe. He had recently arrived in Crete from the Russian front; he was shortly to be promoted from major-general to lieutenant-general in the German Army; he was now the commander of the 22nd Infantry Division, based near Heraklion, the principal city of Crete; and he lived close by, at the Villa Ariadne, in Knossos.

As the Opel, with its distinguished passenger sitting beside his driver, travelled toward Heraklion, it was waved down on a deserted bend. The time was half past nine. Two German corporals approached. One of them asked whether this was the General's car. "Ja, ja" was the reply. The darkness came alive. Doors were pulled open. Men rose from the ditches at the side of the road. The driver reached for his gun. He was smacked on the head with a cosh, heaved from his seat, and dropped on the road. Kreipe was moved to the back seat, with three Cretans to keep him company. A blade was held to his throat, but only one thing appeared to be troubling the General. He couldn't find his hat.

This was because his hat reposed on the head of the man who was now in the front passenger seat. His accomplice took the wheel, and the car moved off into the night. Ever nonchalant, the man in the hat lit a cigarette. The problem was that, in order to reach their destination, the kidnappers had to pass through Heraklion. The whole plan could be undone, with one cry from their prisoner, at a single checkpoint. What was troubling them was not a single checkpoint, however, but twenty-two separate checkpoints. Somehow, their luck held. At every post, the car was recognized and allowed to continue. When salutes were given, they were duly returned. At the West Gate of the city, the car was hailed and brought to a crawl by armed sentries. The two men in the front cocked their pistols. Loudly declaring that this was the General's car, they took their chance and sped on, crying "Gute Nacht" into the dark. They reached open country and off-loaded their prize. By mid-May, the Divisional Commander would be smuggled off the island in a motor launch and whisked away to Allied headquarters in Cairo.

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