miércoles 28 de septiembre de 2011

Lisa Randall, autora de 'Universos ocultos', el 16 de noviembre en el CCCB LAB (Barcelona)



                                                                                                                                                                                                                                                                  

Universos ocultos. Un viaje a las dimensiones extras del cosmos —un fascinante viaje hacia un mundo de más de tres dimensiones—narra de qué manera nuestra visión del universo podría quedar obsoleta dentro de pocos años: el Gran Colisionador de Hadrones, un acelerador de partículas ubicado en el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear, en la frontera entre Francia y Suiza), estaría en disposición de generar durante los próximos años, la suficiente energía para producir las partículas Kaluza-Klein, que podrían viajar a dimensiones no conocidas por el ser humano y dejar huella de su existencia en nuestro mundo tridimensional. El descubrimiento de otras dimensiones aparte de las que hoy conocemos (tres dimensiones del espacio y una del tiempo) podría cambiar nuestra visión del universo y resolver así algunos de sus mayores misterios.

Durante más de treinta años el modelo estándar de la física de partículas sirvió para explicar la interacción existente entre las diferentes partículas que componen la materia, pero recientemente científicos como Lisa Randall han empezado a hallar respuestas a los enigmas que plantea este modelo (uno de los principales es por qué la gravedad es tan débil en relación con las otras fuerzas conocidas). A partir de la teoría de la relatividad de Albert Einstein (en la que el espacio y el tiempo se integran en una estructura única de espacio-tiempo, combada por la materia y la energía), Lisa Randall y su colaborador Raman Sundrum aplicaron en 1999 esta teoría en un contexto extradimensional nuevo y descubrieron que el espacio arqueado podría ser la explicación a la debilidad de la gravedad y que, además, una dimensión adicional podría extenderse hasta el infinito permaneciendo oculta. Todo ello pondría fin a la teoría defendida por la comunidad científica a lo largo de los últimos ochenta años, que afirmaba que era imposible ver otras dimensiones debido a su diminuto tamaño. La aparición de estas nuevas dimensiones abriría las puertas a la existencia de un cosmos mayor, más rico y variado, así como a una mayor comprensión del origen de la vida en el universo. El propio Stephen Hawking saludó con enorme interés las investigaciones de Randall y así se lo hizo saber personalmente.
     
Lisa Randall (Nueva York, 1962) es catedrática de Física en la Universidad de Harvard, investigadora de física de partículas y cosmología y uno de los científicos más influyentes en la actualidad. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias, la Sociedad Filosófica Americana y la Academia Americana de las Artes y las Ciencias. Fue la primera mujer titular de la cátedra de física de Princeton y las cátedras de ciencia teórica en Harvard y en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets). Randall ha obtenido numerosos premios y honores por sus esfuerzos científicos: ha sido miembro de la Sociedad Americana de Física, ganó una beca de la Fundación Alfred P. Sloan para la Investigación, el Premio al Joven Investigador de la Fundación Nacional de Ciencias, el Premio al Mejor Investigador Joven del Departamento de Energía y el primer premio del Concurso Nacional de Talentos Científicos Westinghouse. En 2003, recibió el Premio Caterina Tomassoni e Felice Pietro Chisesi, de la Universidad de Roma La Sapienza. En 2006, recibió el Premio Klopsteg de la Sociedad Americana de Profesores de Física (AAPT) por sus clases y en 2007 recibió el Premio Julius Lilienfeld de la Sociedad Americana de Física por su trabajo en física de partículas elementales y cosmología y la comunicación de su trabajo al público.

Lisa Randall apareció en la lista de las 100 personas más influyentes del año 2007 de la revista Time. En el número de la revista Newsweek «Who’s next in 2006» se dijo de ella que era «uno de los físicos teóricos más prometedores de su generación». En 2008 la profesora Randall se contó entre las 75 personas más influyentes según la revista Esquire. Randall también se ha dedicado a proyectos que relacionan el arte con la ciencia y ha escrito el libreto de Hypermusic: Prologue. A projective Opera in Seven Planes, que se estrenó en el Centro Pompidou de París (y se representó en el Teatro del Liceo de Barcelona) y ha sido co-comisaria de la exposición artística Measure for Measure para la Asociación de las Artes de Los Ángeles.


Entrevista con Lisa Randall en el programa Científicos de frontera (La 2)


El 16 de noviembre (19:30h) Lisa Randall dictará una conferencia en el CCCB LAB (c/ Montalegre, 5) de Barcelona.


Universos ocultos estará a la venta el viernes 28 de octubre.

jueves 28 de julio de 2011

'La ley del silencio': la novela



El próximo 2 de septiembre se pone a la venta por primera vez en España  La ley del silencio, de Budd Schulberg.

Budd Schulberg obtuvo el Oscar al mejor guión original por La ley del silencio, película dirigida en 1954 por Elia Kazan que obtendría un total de ocho estatuillas. Esta historia de corrupción y traición ambientada en los muelles de Nueva York protagonizada por Marlon Brando, se rodó en sólo 35 días con un presupuesto de 800.000 dólares con el productor independiente Sam Spiegel después de que las principales majors rechazasen el proyecto.

La novela de título homónimo, publicada por vez primera en 1955, tiene un origen distinto al del guión de la cinta y Schulberg lo aclara en el prólogo: “Aunque La ley del silencio ya forma parte de la tradición popular del cine, el origen de esta novela es menos conocido. No fue en absoluto una «novelización». Había dedicado, no uno o dos meses, sino años de mi vida a absorber todo lo posible de la ribera portuaria de Nueva York, haciéndome habitué de los bares del lado oeste de Manhattan y de Jersey donde chantajistas e insurretos tanto irlandeses como italianos tenían sus cuarteles generales o sus segundos hogares. Ni siquiera después de asistir a las vistas de la Comisión Estatal contra el Delito (sobre delitos en el puerto), rebosante de libretas y blocs llenos de notas—y con el Oscar aquél en la repisa de la chimenea—logré vencer la convicción de que mi tarea como cronista de la gente de los muelles y las tensiones de la ribera se hallaba lejos de haber concluido. Lo que estaba en juego, descubrí, era mucho más que expandir un guión de ciento veinticinco páginas en una novela de cuatrocientas”.

El paso de la pantalla al papel permitió a Schulberg desarrollar con mucho más detalle la complejidad del mundo de los muelles de Nueva York: “La película se centraba en Terry Malloy (Marlon Brando), un matón a medias feroz atrapado entre la mafia del puerto y el angustioso despuntar de una conciencia. Elia Kazan y Marlon Brando habían tratado el personaje con brillantez y sensibilidad, y yo había escrito los diálogos cuidadosamente, con el oído puesto en mis vagabundeos por la ribera. Pero la restrictiva mecánica del dijo él-dijo ella no me había permitido explorar la mente del personaje en sus vacilantes esfuerzos por sacudirse la pereza; por así decir, me había impedido pillarlo con la guardia baja. Más importante, debido a que el film se centraba en un personaje dominante, que la cámara traía a primer plano, había sido imposible situar la historia en su perspectiva social e histórica. En la novela, Terry es una hebra en una cuerda de fibras trenzadas; da una idea de los complejos nudos del mundo de la ribera que enlaza a Nueva York, una frontera sin ley que sigue siguendo casi desconocida para los ciudadanos de la metropoli. En la novela encontré la oportunidad de poner a Terry Malloy en el foco adecuado. Sólo era preciso contar la historia desde otro punto de vista y con un final distinto en mente. Esto demandaba un final por completo diferente, a la vez que un desarrollo más pleno de algunos personajes que en la película habían sido figuras secundarias.”


Budd Schulberg (Nueva York, 1914- 2009)

Budd Schulberg era el hijo de uno de los fundadores de la industria del cine de Hollywood: B.P. Schulberg, jefe de la Paramount Pictures durante la década de los años veinte del siglo XX. Obtuvo su primer trabajo como guionista con poco más de veinte años, junto a David Selznik, productor de Lo que el viento se llevó, y trabajó en 1939 junto a Francis Scott Fitzgerald en la comedia Winter Carnival. El autor de El gran Gatsby, que tuvo que buscar trabajo como guionista en Hollywood durante los últimos años de su vida debido a sus problemas con el alcohol y a las deudas, sirvió de inspiración a Schulberg para su novela El desencantado (1951; Acantilado, 2004). Anthony Burgess, que afirmó haber leído hasta dieciséis veces la novela, consideraba que después de El último magnate no había otra novela que reflejase con mayor fidelidad el Hollywood de los años treinta.

Unos años antes, en 1941, Schulberg publicaría la controvertida novela ¿Por qué corre Sammy? (Acantilado, 2008), una sátira sobre el poder y la corrupción reinante en la industria del cine de Hollywood, cuyo protagonista, un ambicioso chico judío llamado Sammy Glick consigue hacerse un hueco entre los mejores guionistas de Hollywood a base de todo tipo de artimañas. Aunque la novela ganó el prestigioso Premio "National Critic's Choice" a la mejor novela del año, Schulberg fue condenado al ostracismo en Hollywood desde entonces. Hace unos años la productora Dreamworks de Steven Spielberg adquirió los derechos de la novela, que estaban en poder de Warner Bros, por 2,6 millones de dólares.

En 1956 Mark Robson adaptó al cine la novela de Budd Schulberg Más dura será la caída (1947), sobre el mundo del boxeo y con Humphrey Bogart de protagonista, en el que sería su último papel en el cine. Schulberg se inspiró para escribir su obra en un viaje que hizo a Europa en 1929 para ver a un púgil que llevaba ganados 125 enfrentamientos consecutivos, y que en esta ocasión perdió en una pelea amañada por la mafia.

En 1957 Elia Kazan volvió a adaptar un guión de Schulberg en Un rostro en la multitud, película que narraba el ascenso y posterior caída en desgracia de Andy Griffith, víctima de los medios de comunicación. Schulberg publicó en 1982 su autobiografía, De cine. Memorias de un príncipe de Hollywood (Acantilado, 2006). El escritor falleció en Nueva York en 2009.


La ley del silencio se publica el 2 de septiembre. 

martes 14 de junio de 2011

Artículo de Anthony Lane en 'The New Yorker' sobre Patrick Leigh Fermor, autor de 'Mani' y 'Roumeli'



La edición digital de The New Yorker ofrece a sus lectores un interesante artículo de Anthony Lane sobre Patrick Leigh Fermor, fallecido el pasado viernes en Worcestershire a la edad de 96 años. Acantilado ha publicado dos de sus obras fundamentales: Mani (2010), su relato de viajes por el sur del Peloponeso, que fue editado originalmente en 1958, y Roumeli. Viajes por el norte de Grecia, de 1966, que actualmente se encuentra en imprenta y que estará disponible en librerías a finales de junio.

El artículo mencionado, del 22 de mayo del 2006, es el siguiente:


AN ENGLISHMAN ABROAD

Patrick Leigh Fermor's journey through the twentieth century.

BY ANTHONY LANE

On the evening of April 26, 1944, an Opel staff car with slit hoods over its headlamps set off toward Knossos. To people who know Crete, Knossos refers to the myth-haunted remnants of the lost Minoan civilization on the northern shores of the island. It means Theseus and Ariadne, and the Minotaur brooding in his labyrinth. To the passenger in the car that night, however, Knossos meant home. His name was Heinrich Kreipe. He had recently arrived in Crete from the Russian front; he was shortly to be promoted from major-general to lieutenant-general in the German Army; he was now the commander of the 22nd Infantry Division, based near Heraklion, the principal city of Crete; and he lived close by, at the Villa Ariadne, in Knossos.

As the Opel, with its distinguished passenger sitting beside his driver, travelled toward Heraklion, it was waved down on a deserted bend. The time was half past nine. Two German corporals approached. One of them asked whether this was the General's car. "Ja, ja" was the reply. The darkness came alive. Doors were pulled open. Men rose from the ditches at the side of the road. The driver reached for his gun. He was smacked on the head with a cosh, heaved from his seat, and dropped on the road. Kreipe was moved to the back seat, with three Cretans to keep him company. A blade was held to his throat, but only one thing appeared to be troubling the General. He couldn't find his hat.

This was because his hat reposed on the head of the man who was now in the front passenger seat. His accomplice took the wheel, and the car moved off into the night. Ever nonchalant, the man in the hat lit a cigarette. The problem was that, in order to reach their destination, the kidnappers had to pass through Heraklion. The whole plan could be undone, with one cry from their prisoner, at a single checkpoint. What was troubling them was not a single checkpoint, however, but twenty-two separate checkpoints. Somehow, their luck held. At every post, the car was recognized and allowed to continue. When salutes were given, they were duly returned. At the West Gate of the city, the car was hailed and brought to a crawl by armed sentries. The two men in the front cocked their pistols. Loudly declaring that this was the General's car, they took their chance and sped on, crying "Gute Nacht" into the dark. They reached open country and off-loaded their prize. By mid-May, the Divisional Commander would be smuggled off the island in a motor launch and whisked away to Allied headquarters in Cairo.

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viernes 27 de mayo de 2011

'Diarios' y 'Correspondencia' de Lev Tolstói


A finales del pasado mes de noviembre se celebró el centenario de la muerte de Lev Tolstói. Para conmemorar esta efeméride, Acantilado publicó Vida de Tolstói, de Romain Rolland, traducido por Selma Ancira y David Stacey.

En esta editorial también hemos publicado, entre otros libros del autor, sus Diarios (1847-1894) y (1895-1910), así como su Correspondencia, todos ellos editados y traducidos por Selma Ancira.   

Bajo estas líneas les ofrecemos los podcasts del programa de Radio 5 'Todo noticias' dedicados a los Diarios y la Correspondencia de Tolstói:

Diarios (primera parte)

Diarios (segunda parte)

Diarios (tercera parte)

Diarios (cuarta parte)

Correspondencia



Libros de Lev Tolstói en Acantilado

Vida de Tolstói, de Romain Rolland

lunes 16 de mayo de 2011

‘Guantes rojos’, de Eginald Schlattner, a la venta el 27 de mayo



Tras el fracaso de la revolución húngara de 1956, empezó también en Rumanía la caza del «contrarevolucionario». Entre los prisioneros se encuentra un joven estudiante y escritor, al que se exige que informe sobre amigos y colegas, incluso sobre su propio hermano. El lector asistirá atónito a una durísima sucesión de interrogatorios en los cuales el prisionero acaba rompiéndose y cometiendo delación. Necesitado de algo que justifique su traición, aparecen ante él, en su celda de la Securitate, los demonios de tiempos pasados, todos ellos entre el abismo cortante del peligro y la afligida nostalgia de lo perdido. Segunda parte de una gran trilogía sobre una familia transilvana que inicia El gallo decapitado (1998) y concluye El piano en la niebla (2005, ambos de próxima aparición en esta misma editorial), Schlattner se nos revela como un atento indagador de la siempre difícil lucha por la integridad humana, así como minucioso cronista de unos años oscuros.

Eginald Schlattner (Arad, 1933) creció en Fogarasch (Transilvania) y estudió en Klausenburg—hasta su expulsión de la universidad—Teología, Matemáticas e Hidrología. En 1957 fue arrestado y en 1959 juzgado por deslealtad y alta traición. Tras su puesta en libertad, trabajó como jornalero y más tarde como ingeniero. En 1973 retomó los estudios de Teología. Hoy en día es párroco de prisiones y vive en Hermannstadt.



Entrevista con Herta Müller, Premio Nobel de Literatura de 2009

Les ofrecemos un extracto de la entrevista aparecida en el número 6 de la revista berlinesa Literaturen (2001), en la que la autora rumana en lengua alemana Herta Müller habla del servicio secreto, de la destrucción de Rumanía y de la traición de su mejor amigo.

Literaturen: En su novela autobiográfica Guantes rojos, Eginald Schlattner describe un proceso judicial rumano con fines propagandísticos a finales de los cincuenta. En cambio, sus libros relatan el régimen opresivo de Rumanía en los años sesenta y setenta. ¿Hay alguna diferencia?

Herta Müller: Fueron tiempos completamente distintos. A a diferencia de Schlattner, yo nunca estuve en prisión. El servicio secreto siempre me detenía para interrogarme, durante un periodo de tiempo que se alargó de 10 a 15 años, y siempre me amenazaba con arrestarme y llevarme a juicio, pero nunca llegaron a hacerlo. Los días de los procesos propagandísticos se habían acabado. Pero los métodos persecutorios permanecieron iguales, aunque las consecuencias habían cambiado.

Literaturen: ¿Cuál es su opinión sobre el comportamiento de Schlattner o, para ser más precisos, sobre la delación de cinco compañeros que hace su héroe autobiográfico en la novela, sometido a la presión de los interrogatorios?

Herta Müller: No existe una norma cuando se trata de confesiones conseguidas bajo tortura. Las lesiones corporales son el chantaje máximo. El dolor se apodera del cuerpo y éste deja de estar bajo nuestro control. Todas las declaraciones son únicamente válidas hasta cierto punto. Además, Schlattner no fue un testigo real, fue más bien un segundón. Son necesarios algunos arquetipos para la reconstrucción de un juicio de este tipo. Está el fiscal, el abogado y el acusado, así como un testigo, que tiene un rol secundario. Sabemos de antemano el resultado, es un juicio ya decidido. Es el veredicto el que lleva al proceso en primer lugar, y no al revés. El veredicto aparece al principio, y no al final del juicio.
Schlattner ha cargado como nadie con este peso durante varias décadas. Y sólo después de que Ceaucescu fuese derrotado se hizo posible escribir estos libros. Antes hubiese sido demasiado peligroso.  

Guantes rojos estará a la venta el próximo 27 de mayo.

jueves 5 de mayo de 2011

Entrevista de Emil Ludwig a Stalin en 1931


Acantilado acaba de publicar, por primera vez en España y en traducción de Francisco Ayala, Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin, de Emil Ludwig, obra también inédita en Alemania. Este singular opúsculo de uno de los más renombrados biógrafos del siglo XX fue publicado por primera vez en español en 1939, en una traducción preparada por Ayala durante su exilio en Buenos Aires. Para su trabajo, se basó en los manuscritos originales de Ludwig, a medida que éste los iba redactando. El lector se hallará ante la capacidad de análisis de un biógrafo que, ya en fecha temprana, es capaz de estudiar los mecanismos y motivaciones de determinados comportamientos que le son contemporáneos. Ludwig se había entrevistado con Mussolini y con Stalin, y esbozó para ellos sus retratos del natural. No sucedió lo mismo con Hitler, al que describió sin haberlo conocido. Especial interés tiene el último capítulo, en el que el autor busca el origen del militarismo alemán en el espíritu prusiano.

Emil Ludwig (Breslau, 1881 - Moscia, 1948) nació en el seno de una familia de la alta burguesía judía y estudió derecho en diferentes ciudades europeas, pero pronto descubrió su interés por la escritura. Trabajó como periodista en el Berliner Tageblatt y obtuvo un enorme éxito con sus biografías de Beethoven, Bismarck, Bolívar, Freud, Goethe, Lincoln y Napoléon, entre otros. Tras el ascenso del nazismo en Alemania, se nacionalizó suizo en 1932. En 1933 Goebbels lo consideró un escritor peligroso y se quemaron públicamente todos sus libros. Cuando el género biográfico llegó a su más alto grado de prestigio, allá por los años de entreguerras, Ludwig era el autor de referencia. A él se debe el viraje que experimentó el género, rompiendo así con la aséptica acumulación de datos fielmente contrastados que hasta aquel momento hacían del personaje biografiado algo parecido a la materia de estudio de un entomólogo.

Recuperamos aquí una entrevista que Ludwig realizó el 13 de diciembre de 1931 a Joseph Stalin, y que fue publicada en el número 8 de la revista Bolshevik, el 30 de abril de 1932. La transcripción es en inglés:


Ludwig: I am extremely obliged to you for having found it possible to receive me. For over twenty years I have been studying the lives and deeds of outstanding historical personages. I believe I am a good judge of people, but on the other hand I know nothing about social-economic conditions.

Stalin: You are being modest.

Ludwig: No, that is really so, and for that very reason I shall put questions that may seem strange to you. Today, here in the Kremlin, I saw some relies of Peter the Great and the first question I should like to ask you is this: Do you think a parallel can be drawn between yourself and Peter the Great? Do you consider yourself a continuer of the work of Peter the Great?

Stalin: In no way whatever. Historical parallels are always risky. There is no sense in this one.

Ludwig: But after all, Peter the Great did a great deal to develop his country, to bring western culture to Russia.

Stalin: Yes, of course, Peter the Great did much to elevate the landlord class and develop the nascent merchant class. He did very much indeed to create and consolidate the national state of the landlords and merchants. It must he said also that the elevation of the landlord class, the assistance to the nascent merchant Class and the consolidation of the national state of these classes took place at the cost of the peasant serfs, who were bled white.
As for myself, I am just a pupil of Lenin's, and the aim of my life is to be a worthy pupil of his. The task to which I have devoted my life is the elevation of a different class-the working class. That task is not the consolidation of some "national" state, but of a socialist state, and that means an international state; and everything that strengthens that state helps to strengthen the entire international working class. If every step I take in my endeavor to elevate the working class and strengthen the socialist state of this class were not directed towards strengthening and improving the position of the working class, I should consider my life purposeless.
So you see your parallel does not fit.
As regards Lenin and Peter the Great, the latter was hut a drop in the sea, whereas Lenin was a whole ocean.

Ludwig: Marxism denies that the individual plays an outstanding role in history. Do you not see a contradiction between the materialist conception of history and the fact that, after all, you admit the outstanding role played by historical personages?

Stalin: No, there is no contradiction here. Marxism does not at all deny the role played by outstanding individuals or that history is made by people. In Marx's The Poverty of Philosophy and in other works of his you will find it stated that it is people who make history. But, of course, people do not make history according to the promptings of their imagination pr as some fancy strikes them. Every new generation encounters definite conditions already existing, ready-made when that generation was born. And great people are worth anything at all only to the extent that they are able correctly to understand these conditions, to understand how to change them. If they fail to understand these conditions and want to alter them according to the promptings of their imagination, they will land themselves in the situation of Don Quixote. Thus it is precisely Marx's view that people must not be counterposed to conditions. It is people who make history, but they do so only to the extent that they correctly understand the conditions that they have found ready-made, and only to the extent that they understand how to change those conditions. That, at least, is how we Russian Bolsheviks understand Marx. And we have been studying Marx for a good many years.


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Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin

martes 26 de abril de 2011

'El agitador de color rojo', por Berta Vias Mahou



Berta Vias Mahou nos explica en el siguiente artículo, que ha redactado especialmente para este blog, cómo se documentó y cuáles fueron sus fuentes de inspiración  a la hora de preparar su última novela, Venían a buscarlo a él (Acantilado, 2010).


El agitador de color rojo


Venían a buscarlo a él es un homenaje a dos de los autores que más admiro: Camus y Dostoievsky. La idea de escribir una novela basada en la hipótesis de la muerte de Camus a manos del FLN surgió a partir de la relectura de sus Crónicas, en las que el autor de origen argelino manifiesta su malestar frente a las constantes amenazas que, por condenar el uso de la violencia al servicio de una idea abstracta, recibió tras la publicación de su ensayo El hombre rebelde (1951). Lo primero que hice para poder manejar las fuentes en su idioma original y documentarme lo mejor posible fue estudiar francés. Después adquirí varios libros y revistas sobre el Facel Vega, el coche de Michel Gallimard en el que perdió la vida Camus, lo que me permitió ver cada detalle, no sólo del interior, de la carrocería, del maletero, sino incluso del motor. También periódicos y semanarios en los que se daba la noticia de la muerte del premio Nobel. Olían a moho, algunos se me deshacían en las manos y me produjeron una rara emoción. Era como tocar un pedacito de la época. Consulté libros sobre la guerra de Argelia y otros con fotografías de la ciudad de Argel por aquel entonces. Las biografías clásicas de Camus, la de Lottman y la de Todd, y algunas nuevas, entre las que destacaría la del rumano Virgil Tanase. Releí toda la obra de Camus y las novelas de Dostoievsky que más le marcaron, como Los poseídos, un libro terrible que muestra los peligros del triunfo de la fuerza sobre la justicia, una de las obras maestras de la literatura que el propio Camus adaptó y llevó al teatro.

Pero lo que yo quería escribir no era una biografía, sino una novela, recrear, inventar, ofrecer un material nuevo, eso sí, de manera verosímil. Y tal vez una de las mejores fuentes de inspiración sean los viajes. Muchas de las ideas surgen en cuanto se pone uno en movimiento y entra en contacto con la gente, no sentado todo el tiempo frente al ordenador. En mayo de 2008 me marché unos días a Lourmarin, el pueblo de la Provenza en el que Camus compró un caserón con el dinero del Nobel. Los paseos por la campiña y por las calles de esa pequeña localidad me hicieron sentirme más cerca de él, sobre todo cuando, al pasar por delante de la que fuera su casa, adiviné tras los visillos de una ventana la figura de su hija Catherine leyendo el periódico. No pude resistir el impulso de llevarle unas flores. También deambulé unas cuantas horas por Marsella, donde encontré un objeto que después se convirtió en uno de los personajes del libro: el agitador de color rojo. Khaled, uno de los terroristas encargados de matar a Jacques, alter ego de Camus, fascinado con esos agitadores en forma de mujer que ha visto en los vasos de un bar del puerto, se echa al bolsillo uno de color rojo. Y se convierte en su talismán. Khaled lo acaricia y de vez en cuando observa el mundo a través de la silueta de plástico transparente. Todo lo ve manchado de sangre. La sangre que él mismo ha vertido y que pesa sobre su conciencia. La sangre de tantos musulmanes y europeos inocentes.